Cada vez más tierra cultivable se ve desplazada por el urbanismo

El Salvador enfrenta un desafío en cuanto a la oferta de tierras para uso urbano. El aumento en la población urbana ha cambiado el uso de los suelos.

¿Cómo equilibrar la cantidad de tierra que se utiliza para el cultivo, versus la utilizada para el urbanismo de la creciente población mundial? Es una pregunta de difícil respuesta o con muchas variables complejas para una respuesta simple y directa.

En la actualidad, aproximadamente la mitad de la población humana del planeta vive en ciudades, alrededor de 3 500 millones de personas. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para el año 2030 más del 60% de la población mundial estará establecida en zonas urbanas o periurbanas. Si bien las ciudades ocupan apenas el 3% del planeta, representan entre el 60% y 80% del consumo de energía y el 75% de las emisiones de carbono.

La ONU ha alertado sobre las consecuencias negativas que puede tener el rápido crecimiento del territorio ocupado por las ciudades en el mundo, un fenómeno que según la organización se deriva principalmente de la falta de planificación urbana.

Según datos presentados, entre 1990 y 2015, el suelo urbano aumentó mucho más que la población de las ciudades, una tendencia que continuará de aquí a 2050 si no hay cambios.

La ONU defiende la necesidad de reducir a la mitad el aumento previsto del uso de suelo de aquí a 2050, para lo que ve fundamental una mayor planificación urbana.

El ordenamiento sostenible del suelo también contribuirá al avance de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, lo que debería convertirse en norma a nivel mundial con el fin de optimizar el uso del suelo, conservarlo y protegerlo a largo plazo.

Por ejemplo, en cuanto a clases de cultivos para alimentación pero también para preservar los suelos, las legumbres, también conocidas como leguminosas de grano, pueden impulsar la salud del suelo al tiempo que apoyan dietas más sanas y nutritivas.
 
Las legumbres pueden fijar en sus raíces el nitrógeno de la atmósfera. Al liberar el fósforo del suelo para ponerlo a disposición de las plantas, las legumbres también reducen la necesidad de aplicar fertilizantes externos. Todos estos factores benefician naturalmente la condición de los suelos y su uso sostenible.

En El Salvador, el número de productores agropecuarios casi se duplicó desde 1950, pero la extensión territorial dedicada a estas actividades se ha reducido, advirtió un estudio del Programa Regional de Investigación sobre Desarrollo y Medio Ambiente (Prisma), en febrero pasado.

El censo agropecuario de 1971 identificó más de 270 mil productores agrícolas, pero para 2015, la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) de la Dirección General de Estadísticas y Censos (Digestyc), contabilizó a 433 mil personas que se dedicaban a labores agrícolas, ya sea para la venta o el auto consumo. En cambio, en 1950, el país contaba con 2 173 millones de manzanas y en 2007 alcanzó 1 328 millones, lo que implica una reducción de casi el 64 %.

Prisma confirmó además que El Salvador enfrenta un desafío en cuanto a la oferta de tierras para uso urbano. El aumento en la población urbana ha cambiado el uso de los suelos y la baja rentabilidad del agro ha provocado que estos terrenos sean utilizados para suplir la expansión urbana. Adicionalmente, los cafetales, que siguen sin recuperarse de la plaga de roya que los afectó en 2012, disminuyen para darle paso a la urbanización, indicó también el estudio.